Sincronía

Se sentía serena, como una gatita, frotaba su cuerpo contra las sábanas, giraba en la cama con una sonrisa en el pecho, estaba en un viaje hacia las buenas memorias: su cuerpo como flotando era penetrado por el volcán más feroz y dulce de la tierra, sentía como sus raíces cada vez más se aferraban al magma hasta el centro de la madre, sentía como sus latidos le hacían cosquillas en la barriga. El volcán le susurraba humo al oído y ella vertía azúcar en su lengua. Las ráfagas de viento danzaban al ritmo del ritual. Volcán y salar mezclando su fuego y su paz. De pronto, la sal se mezcló con la lava, el volcán erupcionó sobre dos lomas del salar y tiñeron a la madre con su amor, fertilizaron, sembraron, ofrendaron nuevos frutos en perfecta sincronía. Todo en lo alto y todo en lo bajo se equilibró, descendió un haz de luz desde el cielo que atravesó el suelo. Entonces el útero se encendió como un faro, rayos amarillo, verde y rosa nadaron por sus aguas. Entonces de su vulva salían hierbas, ríos, valles, lunas, amantes, perfumes, recetas,  y otras cosas hermosas. Los visitaron nueve lunas y el contacto se hizo carne otra vez. Se completó el círculo. Se coompletó el dibujo.


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