Sanación Parte I: La Consciencia de la Lunita
En un jardín dorado y verde
vi crecer mis flores
y corrí como una niña
empapada de colores.
En las tardes de verano,
me perdí bajo las sombras
de un árbol bien anciano,
que con sus raíces decía
"no olvides tu plan mago"
Entonces en el silencio
y la soledad de mi infancia
yo conté los pétalos de mi jardín,
pero eran tantos que la cuenta perdí.
Una voz de lejos oí,
que decía algo así
"mira lo que la tierra tiene para ti"
para qué guardar lo florecido, comprendí
mejor hacer así como el viento,
que los hacía danzar muy lento,
encimita de las nubes,
viajando hacia otros tiempos.
Entonces amor quise dar,
mi cuerpo entrelazar,
igual que los pétalos con el viento.
Pero fue tanta, tanta, tanta
mi ansiedad de niña refugiada,
que mis flores empezaron a marchitar
y mi lunita se escondió
detrás del orgullo.
No había agua,
ni había savia.
Sólo gorriones urgüeteando en el capullo.
Entonces de pura pena,
aunque las flores ya ni lágrimas tenían,
multiplicaron sus escoltas,
derramaron blancas, espesas agonías.
Llena de culpas, de dudas y de miedos,
dejaba que los pájaros se comieran mis dedos,
algunas veces les inventaba historias,
otras me enceguecía con sus alas.
Al final la sensación era la misma:
una punzante falsa gloria.
Mas, como toda negra memoria,
con un poco de agua y sal
y una que otra ceremonia,
decodifiqué ese enfermo mal.
Me perdoné y me di gracias,
a mí y a todos los que tejieron,
aunque sea un trocito de este telar,
Desde ese momento mi cuerpo entrego,
pa' sólo amor verdadero derramar.
vi crecer mis flores
y corrí como una niña
empapada de colores.
En las tardes de verano,
me perdí bajo las sombras
de un árbol bien anciano,
que con sus raíces decía
"no olvides tu plan mago"
Entonces en el silencio
y la soledad de mi infancia
yo conté los pétalos de mi jardín,
pero eran tantos que la cuenta perdí.
Una voz de lejos oí,
que decía algo así
"mira lo que la tierra tiene para ti"
para qué guardar lo florecido, comprendí
mejor hacer así como el viento,
que los hacía danzar muy lento,
encimita de las nubes,
viajando hacia otros tiempos.
Entonces amor quise dar,
mi cuerpo entrelazar,
igual que los pétalos con el viento.
Pero fue tanta, tanta, tanta
mi ansiedad de niña refugiada,
que mis flores empezaron a marchitar
y mi lunita se escondió
detrás del orgullo.
No había agua,
ni había savia.
Sólo gorriones urgüeteando en el capullo.
Entonces de pura pena,
aunque las flores ya ni lágrimas tenían,
multiplicaron sus escoltas,
derramaron blancas, espesas agonías.
Llena de culpas, de dudas y de miedos,
dejaba que los pájaros se comieran mis dedos,
algunas veces les inventaba historias,
otras me enceguecía con sus alas.
Al final la sensación era la misma:
una punzante falsa gloria.
Mas, como toda negra memoria,
con un poco de agua y sal
y una que otra ceremonia,
decodifiqué ese enfermo mal.
Me perdoné y me di gracias,
a mí y a todos los que tejieron,
aunque sea un trocito de este telar,
Desde ese momento mi cuerpo entrego,
pa' sólo amor verdadero derramar.


Comentarios