Escupidlo I
Gritar es escupir y se puede interpretar según cada cosa que lo quiera hacer. Podría ser como una flema o como una lluvia de pétalos anaranjados. Finalmente, todos los gritos están en nuestra mente. Y si es un escalofrío o un relajo no es tan importante como saber que al menos tienes un grito reclutado en tu cajón, en tu mesita de luz que, de pronto, puede apagarse e incluso llegar a encenderse cual flamante alerce con las ramas incendiándose. Fuego gritando. Podría ser también un pasatiempo, el vicio de la madre. Como sea, es el amuleto que te ayudará a recordarla cuando todas sus llamaradas la hayan quemado y las cenizas vuelen alúnisono con tu falda de gasa. La trascendencia del grito esa es la disyuntiva, el paradigma, la motivación para tomar un libro y leerlo. La razón de todo lo que te rodea y te sustenta. Y te compone.