Poseer

He perdido, he soltado, he quemado, he olvidado,
pero conservo el púrpura y los asientos aterciopelados del café.
Se me han ido algunos trenes por tímidez o indiferencia,
pero conservo el púrpura y los asientos aterciopelados del café.
Se me han quedado en el bolsillo los rojos, los lilas,
así como los quinientos granos de linaza en la frente
y algunas rabias enterradas entre la arena y la caca de las gaviotas.
El sol en su insoportable ausencia me recuerda y recordará
moléculas y vacíos de la existencia mía.
En su presencia, en cambio, será más palpable que... otra cosa

Y sé que conservo el púrpura y los asientos aterciopelados del café.
Sé que conservo el brillo de sus pupilas una tarde,
las carcajas de la golondrina antes de convertirse en bestia,
la potencia indígena malgastándose en un odio y una mediocridad.
Es mío el aliento de un seis de diciembre,
mío aquel nefasto estreno.
Mía la languidez en el columpio,
mía la muerte del seis de noviembre.
Mío eso que hice mío y no lo era.
Son mías las cosas en las que ahora pienso,
como las desiciones,
mías las hojas viejas de los libros,
mío el ruido del ventilador.
Mía las artesanías de piedra y tierra.

Mía el agua
y toda la mierda.

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