Escupidlo I

Gritar es escupir
y se puede interpretar
según cada cosa que lo quiera hacer.
Podría ser como una flema o como una lluvia de pétalos anaranjados.
Finalmente, todos los gritos
están en nuestra mente.
Y si es un escalofrío o un relajo
no es tan importante como saber
que al menos tienes un grito
reclutado en tu cajón,
en tu mesita de luz que,
de pronto, puede apagarse
e incluso llegar a encenderse
cual flamante alerce
con las ramas incendiándose.
Fuego gritando.
Podría ser también un pasatiempo,
el vicio de la madre.
Como sea, es el amuleto que te ayudará a recordarla
cuando todas sus llamaradas la hayan quemado
y las cenizas vuelen alúnisono con tu falda de gasa.
La trascendencia del grito
esa es la disyuntiva, el paradigma,
la motivación para tomar un libro y leerlo.
La razón de todo lo que te rodea
y te sustenta.

Y te compone.

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