Dulces como niños de cumpleaños

Falta poco para que cumpla dieciocho y la verdad es que no quiero tener más años. Hoy más que nunca me gustaría estar en la plaza haciendo una torta de barro y que mi única preocupación sea convencer a alguien de que se la coma -está rica, tiene hojitas y palitos, pruébala-. Tal vez estar casándome con una cortina de baño como vestido, en el patio de la casa de mi madrina, mientras ella lanza arroz con los demás niños o probándome los ropajes y zapatos de mi mamá -¡Ay, Camilita!, ya estás desordenando todo-. Mejor aún, paseándome a pies pelados por Real Audiencia, Monja Alférez y Ángel Guarelo, con una falda larga, creyéndome gitana, sin miedo ni vergüenza -¿le veo la mano, paisano?- pues puedo echar maldiciones a quien quiera. Salir a la calle, todos están ahí, listos para jugar -¿a qué jugamos?- al tombo, a las naciones, a la escondida, a la pinta -tú la llevai-, -bueno, ¡pinta!-, -ah, no se vale-, -¡cuidado, auto!-


Cumpleaños tomando chocolate caliente con una corona en la cabeza, globos, papeles de colores, risas y gritos de niño... Ha cambiado harto la historia.

Comentarios

Rina Mary ha dicho que…
veele el lado bueno a tu cumple
que vamos a poder ir a las guases de pubs, dicos sin ataos eaeaea jajajajajaja
entiendo de q se trata esto
pero ai es la vida , ya llegara nuestra hora

y recuerda que eres una gran mujer
el q no cacha es de gil nomas

te quiero!

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