Internado de Niñas
Habrá que aceptar el pasado
y que ya no sea un puñal.
Habrá que dejar de renegar
las alergias, los pies congelados
y esas ganas tan raras de llorar.
Porque todas nosotras,
que amamos a nuestro padre
-ese que está y no está-
nos dejamos atrapar
por un amor platónico
o una madre,
que no nos deja avanzar.
Los inviernos me recuerdan
a la palabra "abandono"
Todas nosotras hacemos una ronda
alrededor de las pozas.
Y el maicillo nos da
escalofrío en los dientes,
nos rechinan los oídos
y empalidecimos de nostalgia.
Será que aún existe esa añoranza,
esa farsa,
ese cuento de niño.
Nos veo a todas con abrigos,
el pelo suelto
y los cachetes colorados.
Comiendo pan tostado
en el recreo de las diez;
Jugando al ajedrez
con nuestras propias heridas,
juntando más saliva
por todo lo callado.
Dónde estará.
Dónde estará.
Dónde estará.
Ella escribía eso
en los vidrios empañados
y yo buscaba respuestas,
en los números del luche.
Nunca encontré otra señal
que no fuera el talismán
de mi pecho, de mi timo
"¡Ana, nuestro es el timón!",
le dije.
Pero no me entendía,
aún le parecía muy cliché.
- "¡Ana, mírame! Tócate ahí, ¿sientes?"
- "Sí, sí, ya sé que algo late"
- "¿Y entonces?"
- "Es difícil, esto no basta"
- "No... Hay que escucharlo"
- "Pero... Ah... Ya."

A todas nosotras nos costaba
abrir el corazón,
aunque por ahí cruzaran mil ríos
y se unieran cientos de mundos.
A todas nosotras nos costaba
abrir el corazón aún.
y que ya no sea un puñal.
Habrá que dejar de renegar
las alergias, los pies congelados
y esas ganas tan raras de llorar.
Porque todas nosotras,
que amamos a nuestro padre
-ese que está y no está-
nos dejamos atrapar
por un amor platónico
o una madre,
que no nos deja avanzar.
Los inviernos me recuerdan
a la palabra "abandono"
Todas nosotras hacemos una ronda
alrededor de las pozas.
Y el maicillo nos da
escalofrío en los dientes,
nos rechinan los oídos
y empalidecimos de nostalgia.
Será que aún existe esa añoranza,
esa farsa,
ese cuento de niño.
Nos veo a todas con abrigos,
el pelo suelto
y los cachetes colorados.
Comiendo pan tostado
en el recreo de las diez;
Jugando al ajedrez
con nuestras propias heridas,
juntando más saliva
por todo lo callado.
Dónde estará.
Dónde estará.
Dónde estará.
Ella escribía eso
en los vidrios empañados
y yo buscaba respuestas,
en los números del luche.
Nunca encontré otra señal
que no fuera el talismán
de mi pecho, de mi timo
"¡Ana, nuestro es el timón!",
le dije.
Pero no me entendía,
aún le parecía muy cliché.
- "¡Ana, mírame! Tócate ahí, ¿sientes?"
- "Sí, sí, ya sé que algo late"
- "¿Y entonces?"
- "Es difícil, esto no basta"
- "No... Hay que escucharlo"
- "Pero... Ah... Ya."

A todas nosotras nos costaba
abrir el corazón,
aunque por ahí cruzaran mil ríos
y se unieran cientos de mundos.
A todas nosotras nos costaba
abrir el corazón aún.

Comentarios