Game over
Cómo me saco estos sueños del pecho
si cada vez que pienso en tus ojos
de nuevo empiezo a caer en un hoyo de carne
cruda, rosada, abierta, como una herida
siempre como una herida,
pero no sé si me duele, no sé si esto duele
o quema, o respira, o me anima
No entiendo este sentimiento,
no sé si es un sentimiento,
no sé qué es,
no sé quién eres tú, a veces,
cuando te escondes, sí,
detrás del velo, detrás del árbol
y tus miradas se ponen a jugar
a las escondidas con las mías
y nos perdemos
y llegamos a esto:
al fin del juego,
-nunca he sido muy buena en verdad,
cuando chica me daba miedo jugar al tombo,
siempre preferí las escondidas-
y tengo que decir -un, dos, tres por él,
que está escondido detrás de sus miedos-
y después me siento car'eraja porque estoy oculta también,
detrás de mis compañeros en el escenario,
detrás de mis hombros,
detrás,
detrás,
lejos...
Y es como que a pesar de esa lejanía,
nos sintiéramos cómodos,
quizás más que haciendo el amor,
quizás más que preparando hamburguesas de soya,
quizás más que caminando de la mano por Plaza de Armas,
pegándonos dormilones cada vez que un negrito aparecía,
como que tanto le temiste a mi ausencia,
que cuando se cumple tu profecía,
entre tu llanto y orgullo herido,
igual te gusta decirme así,
sin mirarme, sin tocarme,
cuánto me amas.
Y yo me reviento acá de emociones,
frente a una pantalla fría y cuadrada,
que nada tiene de real,
nada tiene del calor que deseo
y vuelvo a preguntarme por qué y qué pasaría si.
Pero son ondas en el aire,
partículas, que vienen y van,
nada se me queda atorado en el corazón,
más que todos estos fardos de sueños
que armé contigo,
más que todos mis dulces sentimientos
y mis cariños y mis ronroneos,
que ya no me sirven para nada más que llorar.
Porque no voy a esperar más,
no voy a esperarte nunca más.
-Ya po, ya, déjame creerlo,
déjame mentirme-
si cada vez que pienso en tus ojos
de nuevo empiezo a caer en un hoyo de carne
cruda, rosada, abierta, como una herida
siempre como una herida,
pero no sé si me duele, no sé si esto duele
o quema, o respira, o me anima
No entiendo este sentimiento,
no sé si es un sentimiento,
no sé qué es,
no sé quién eres tú, a veces,
cuando te escondes, sí,
detrás del velo, detrás del árbol
y tus miradas se ponen a jugar
a las escondidas con las mías
y nos perdemos
y llegamos a esto:
al fin del juego,
-nunca he sido muy buena en verdad,
cuando chica me daba miedo jugar al tombo,
siempre preferí las escondidas-
y tengo que decir -un, dos, tres por él,
que está escondido detrás de sus miedos-
y después me siento car'eraja porque estoy oculta también,
detrás de mis compañeros en el escenario,
detrás de mis hombros,
detrás,
detrás,
lejos...
Y es como que a pesar de esa lejanía,
nos sintiéramos cómodos,
quizás más que haciendo el amor,
quizás más que preparando hamburguesas de soya,
quizás más que caminando de la mano por Plaza de Armas,
pegándonos dormilones cada vez que un negrito aparecía,
como que tanto le temiste a mi ausencia,
que cuando se cumple tu profecía,
entre tu llanto y orgullo herido,
igual te gusta decirme así,
sin mirarme, sin tocarme,
cuánto me amas.
Y yo me reviento acá de emociones,
frente a una pantalla fría y cuadrada,
que nada tiene de real,
nada tiene del calor que deseo
y vuelvo a preguntarme por qué y qué pasaría si.
Pero son ondas en el aire,
partículas, que vienen y van,
nada se me queda atorado en el corazón,
más que todos estos fardos de sueños
que armé contigo,
más que todos mis dulces sentimientos
y mis cariños y mis ronroneos,
que ya no me sirven para nada más que llorar.
Porque no voy a esperar más,
no voy a esperarte nunca más.
-Ya po, ya, déjame creerlo,
déjame mentirme-

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