Divagaciones de Iados

A
Cómo la escarcha se derramó sobre mí
se escondió entre la piel
y fue metiéndose de a poco en mis venas
como pirigüines
en busca de un poco de sol.

B
Disequé todo el polvo azul que debía remover
Y me consolé en canciones malditas
En este preciso instante,
hasta un pato de hule tiene más sentido.
Yo ya no sé para qué sirve mi corazón
Si no te puede amar,
Tanta inmensidad en esta caja;
por qué razón
Utilitarismo taladra y ladra
Larai, larai, larai !
De todas formas rompí las cuerdas
Estoy libre.


C
Si me desprendo de todo ese menjunje,
me siento este fin de semana
a analizar lo que me urge
y lo que me causa repulsión.
Me quedo en la despensa
y miro la cocción
Logro entender miles de cosas
que siempre advirtió la intuición
Cuando estuve sin estar con el
respiré la paz que me había abandonado
a mitad de ese mes
Y no sé, si es que soy masoquista
o me creo alquimista,
maga y reina del amor
que dilaté tanto un final
existente ya en la introducción.
Hay cosas que aún no me perdono:
permitirse que la juzguen
y la acusen cuando no,
cuando es otro quien proyecta
sus errores en tu propio cajón
e intenta sepultarte en las cabezas
de sus cadáveres.

D
Aquí es cuando todo ha pasado
y sólo se guarda en el pantalón
una piedra preciosa.

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