Habló la niña

Hace tiempo no me sentía sola. O sea, me siento a mi misma siempre y no me siento mal, todo lo contrario, me gusta sentirme y sentir qué siento estando sola, conmigo. Hace tiempo no me sentía sola al sentirme. Hace tiempo no me sentía sola al sentir a los demás, porque no los siento mucho, casi nada. Nada tengo a veces creo, después me retracto. Tacto. El tacto sana corazones, a mi me hacen tan poco cariño que cuando mi corazón siente es gracias a el mismo, que se estimula. Solo. Iluso de repente, pero es mejor a no sentir nada, como ahora. Ahora que todo cae, se curva, se agacha. ¿Mala racha? No creo, creo en los protones y en los botones de la camisa que un día desabroché, creo en mis capacidades, en mis retardos mentales, creo en el amor a última vista y en la maldad de la billetera. Me cuesta creer en lo infinito, a veces. Por eso sentirse sola pasa y se pasa. Como las personas frente a la ventana de una anciana que curiosa mira mientras toma mate. Seguramente me toque ser así, aunque no quiera y quiera ser rockera. Y andar en moto, cuerina, canas. Esta infancia se está opacando, qué vendrá más adelante. No quiero pensar... Pintaré algo o haré una artesanía. Tal vez me esconda detrás de las cortinas. Papá está trabajando, mamá está en la cocina, mi hermano se está drogando, mi hermana en coquetería. Aquí en mi corazón marchando sueños, impulsos, creaciones, cantos santos. Que en el futuro no se duerman, aunque nadie me ayude a despertarlos.

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