Yo no vendo soluciones de problemas (cuando las tengo las regalo), Ni vendo papas, ni tomates, Tampoco anfetaminas o laxantes. Y eso que soy hija de comerciante. Aunque debo admitir Que me he vendido al machismo, Porque de repente les compro, a los hombres les compro - y otras veces la vendo- Pero yo no vendo nada.
Se me rompió la boca y el pezón izquierdo (el derecho también pero no sangra) Me quemé la yema de todos los dedos Explotó el tercer botón verde de mi chaqueta y cayó en tu nariz empolvada Mientras la limpiabas miraste mis senos encendidos, no encontraste nada dulce ahí El limonero nos saluda por la ventana, pensé y en seguida me acerqué a tus labios, pero fijaste tus ojos en el vaso de whisky - "¿Te vas a ir, cierto?" La noche era cálida excepto por ti
No deja de aparecerse sobre mi cabeza la imagen de una mano cociendo, zurciendo, bordando, suturando una herida. Son mis manos creando, cosechando flores en un campo abierto con nombre de Planeta. La herida cierra, la cicatriz se disuelve, rozo mi mano por donde ella estaba y es muy suave. Es todo muy dulce, muy tierno. Me regocijo en esta sensación, que es tan liviana y transparente, como una tela delgada, un velo sutil, pero sin velo, sin vendar. A mi alrededor percibo luces, un blanco infinito que arraza desde el borde de mi piel hasta el aire en mi burbuja, doce metros a la redonda. Todo es mágico, puro, refrescante. A ratos veo esferitas azules cerca mío. Las veo a ellas, simpáticas, sostenidas por sus alas. Por aquí cerca pasa un río, viene tranquila el agua bajando. Yo lo estoy sintiendo todo. El sonido que provoca me relaja. Hay un hombre junto a mí, él me acompaña, es mi amigo. Lo bendigo, él me protege. Se fue y ha vuelto, es diferente ahora. Todo es mucho mejor que...
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